Eliminar comentarios, ¿censura o filtrado profesional?

La noticia saltó al público con la misma fuerza que él saltó al ruedo. Y la cornada que lo mató ha sido la auténtica faena, muy alejada del orgullo de las luces del traje. El fallecimiento de Víctor Barrio en la plaza ha sido noticia durante más de cuatro días y parte del protagonismo lo han adquirido los usuarios de las redes sociales al verter de forma libre y sin tapujos sus opiniones más sinceras. Si los medios de comunicación informan, educan y entretienen… ¿deben permitirse ostentar el primer enlace de Google a costa de comentarios desafortunados? Un filtrado de esta libertad de opinión en busca de la protección de otros derechos fundamentales, como el honor, ¿es una regulación o una censura..?

Que se sepa, un grupo de taurinos ha cursado seis demandas por trato vejatorio hacia el torero y su pareja, quien se ha visto obligada a dirigirse a los medios de comunicación en varias ocasiones, una de ellas con una carta abierta publicada en HOLA!. Otro proceso abierto es el de la recogida de firmas en contra de un docente que insultó al fallecido Víctor Barrio en Twitter, que ya alcanza más de 150.000 adeptos para su inhabilitación profesional, pues entiende la audiencia que alguien con esos criterios y esa moral no debe formar parte del colectivo educativo. La historia no acaba con estos dos ejemplos, pues la Unidad de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional ha abierto “una investigación sobre los comentarios que se han vertido en redes sociales sobre la muerte del diestro de Segovia para determinar si pudieran ser constitutivos de delito”, según puede leerse en esta noticia.

¿Todos podemos opinar lo que queramos? Casi con seguridad, si la pregunta se responde desde un punto de vista individual del emisor de un mensaje, la respuesta sea afirmativa: por qué no decir lo que pienso, si lo pienso y mi libertad me lo permite. Pero si la cuestión se plantea desde otra cara del prisma de la realidad, desde la del receptor, el proceso comunicativo es totalmente diferente, tanto, que distorsiona el contexto de partida; y tanto, que puede ser necesario limitar un derecho antes demandado, el de opinar. Parece que las teorías perspectivistas deben aplicarse también a los receptores de información, pues depende de dónde se encuentren éstos, el resultado del fenómeno de la comunicación tiene un efecto u otro.

En definitiva, y partiendo de la base de que los comentarios realizados sobre el torero fallecido por parte de los animalistas carecen de humanidad, ¿cómo deberían actuar los medios de comunicación? ¿Borrar un comentario de esta índole es censura o se puede considerar como un cumplimiento de las funciones propias de un medio, el de educar? ¿Es un adulterio, por parte del usuario, de los valores éticos de un medio que se limita a ofrecer una noticia polémica? ¿Es un recorte de derechos, pues el que escribe ve limitada su opinión y el que pudiera leer no tiene acceso a una información libre?

Y más preguntas, ¿el derecho a opinar sin límites se encuentra por encima de lo que pueda decirse de una persona que ha fallecido? Y sin cometer hecho ilícito alguno, porque nos guste o no, el ejercicio del toreo no es un delito en España, de hecho recibe subvenciones estatales para su mantenimiento. ¿Honor o libertad de expresión? Ya pasó algo parecido con Paquirri, cuando Isabel Pantoja ganó el juicio que prohibía la difusión lucrativa de las imágenes de la cogida y muerte del torero en una cinta de vídeo. Este debate ético no es nuevo, aunque lo que sí resulta novedoso es la respuesta por parte del público: derecho al honor frente derecho a la información siempre a empujones.

Decía Rubén Amón en el programa Más de uno de Onda Cero, dirigido por Carlos Alsina, que en qué momento un animalista se deshumaniza. Son muchos los famosos que han criticado esta actitud de la audiencia, la de valorar más una vida animal que la de una persona, como por ejemplo el conocido Frank de la Jungla, Carlos Herrera o Joaquín Sabina, entre otros (he aquí otra reflexión ligada a la comunicación: la importancia del emisor como condicionante/influencia en el mensaje y en el receptor).

Un debate ético que debe plantearse y regularse. Quizá todo fuera más fácil si la cuestión se redujera al absurdo que suponen el respeto, la tolerancia y la educación humanas.

 

La imagen de portada es de periodistadigital

Mercedes Barrutia ® 2016

Historias periodísticamente hablando ® 2016

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *