La visibilidad como problema periodístico: “solo los que existen tienen derechos humanos”

“Solo los que existen tienen derechos humanos”, así ha comenzado la ponencia del profesor en comunicación audiovisual don Francisco Javier Gómez, de la Facultad de Comunicación y Documentación de la Universidad de Granada. La charla se encuentra enmarcada dentro de la mesa debate Los derechos humanos en el objetivo del periodista, dentro de las jornadas ‘Informar desde la perspectiva de los derechos humanos’, organizada por la UGR en colaboración con el Sindicato de Periodistas de Andalucía.

Y es cierto, solo aquellos que existen pueden ejercer de forma libre sus derechos. Y lo duro es que por existir se entiende, no solo realizar el intercambio gaseoso celular propio de la respiración, sino responder a una serie de requisitos, además de sociales, jurídicos y administrativos. En el caso que ocupa, resumamos esa existencia a parámetros sociales, aunque sea resumir al absurdo: “solo los que existen tienen derechos humanos”, dice Gómez, en el aporte de una visión académica del problema de cómo los periodistas deben transmitir desde la perspectiva de los derechos humanos.

Dice el profesor Gómez que la sociedad debe “promover la defensa de la multiculturalidad con el fin de que los grupos sociales sean visibles”. Una consecuencia lógica de su afirmación inicial: si quien existe tiene derechos, existamos. ¿Cómo se existe? “Siendo visible”, dice el profesor, “teniendo voz propia”, “respetando la diversidad para ser homogéneos”, añade. El docente explica cómo “es necesaria la búsqueda de la otredad para comprendernos a nosotros mismos”, esa necesidad de reafirmación como colectivo que “tiene una memoria” por tener un pasado reconocido, “una identidad común” y conciencia de ella para poner en valor lo que puede resultar ajeno.

El docente, durante su charla, reflexiona sobre ese parámetro periodístico de “dar voz”. Y dice que “para que un colectivo tenga voz, este debe ser reconocido”. Y parte en su razonamiento de la idea de imaginario colectivo para construir esa realidad que la humanidad necesita comprender y explicar. Y es aquí cuando entran los medios de comunicación y los periodistas, que en vez de estar por encima de la realidad de la que informan deberían estar involucrados en ella, que a juicio de Gómez son los responsables de la creación de ese imaginario, de dar visibilidad y de dar voz.

Cierto es, pero desde el punto teórico se presentan varios aspectos que impiden, durante el ejercicio de la profesión, hacer visibles de forma incondicional a los grupos, llamémoslos, invisibles. Pues los comunicadores, como bien dice Gómez en su charla, “tienen una visión filtrada y se encuentran en el limbo de la clandestinidad respecto a las minorías”:

  • Primer obstáculo, el propio imaginario colectivo, ya que se encuentra forjado bajo una perspectiva occidentalizada, que no es que sea una visión contaminada, pero sí presenta un sesgo de inicio.
  • Segundo, la infoxicación. Un concepto que representa el exceso de información, de diferentes calidades, y la consecuente desinformación que provoca en las audiencias.
  • Tercero, la agenda de los medios de comunicación, ligada al anterior obstáculo, que ahora más que nunca arma los andamios de un baratillo de contenidos que se repiten con el conocido copia/pega. Si todos consumismos las mismas noticias, a todos nos faltan los mismos datos, sabemos los mismo, con las mismas lagunas y carencias, pero sin embargo estamos sometidos al desbordamiento de material informativo.
  • Cuarto, la teoría de la espiral del silencio, con la que se condena al aislamiento al que no piensa como la mayoría y donde, por tanto, la mayoría condiciona a la minoría e impone cómo se debe pensar, de qué debe de hablarse, qué noticias tragar sin masticar o qué medios consumir. En esta línea es necesario mencionar la concentración de los medios de comunicación.

Cuatro puntos estructurales que forman parte de la realidad de la profesión de los medios de comunicación y que, además de empobrecer el periodismo, condiciona a las audiencias.

Entonces, en el turno de debate, desde Periodísticamente planteamos la duda de si la visibilidad de la otredad es una utopía, si es como la ansiada objetividad periodística, que solo se persigue pero que es imposible alcanzar según puede deducirse de las teorías perspectivistas, del concepto de contextualización y, porqué no incluirlo también, del propio desarrollo del día a día.

La conclusión parece cantada: es una utopía, es (im)posible transformar el sistema si estamos condicionados por el propio sistema. ¿Cambiar el imaginario colectivo mediante el ejercicio del periodismo? No por ello hay que dejar de intentarlo de forma individual para formar parte del todo: es nuestra responsabilidad profesional, nuestra ética, nuestra base…

Cabría preguntarse qué son los derechos humanos, a pesar de que vengan recogidos en una declaración internacional, universal y aceptadísima carta jurídica. Y si esa característica de universalización presenta el mismo rasero para toda la ciudadanía y para todos los países que vagan por este mundo, pero eso ya es otra historia, periodísticamente hablando.

 

Mercedes Barrutia ©2016

Periodísticamente ©2016

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